El único hombre libre.La doctrina de la locura en Lacan
Márcio Peter de Souza Leite


I. La hora: El discurso de la libertad
II. Los hombres: La doctrina de la locura
III. La psicogénesis. Ey: el hombre recibe sus determinaciones de si mismo
IV. Lacan. El hombre recibe sus determinaciones del exterior
V. El órgano-dinamismo. La locura, patologia de la libertad
VI. El loco, el único hombre libre


I. La hora: El discurso de la libertad
En 1946, a un año del fin de la guerra en Europa, había un contexto privilegiado para hablar de la libertad. En aquel entonces, con el pretexto de debatir la psicogénesis de las neurosis y las psicosis, Jacques Lacan y Henry Ey comenzaron una polémica que duraria décadas y permanece actual.

Ey afirmaba que el origen del fenómeno psicótico estaria localizado en una lesion neurológica, responsable de la ruptura del desarrollo psíquico del individuo. Lacan se opondría a la concepción de Ey, sosteniendo que la locura era enteramente vivida en el campo del sentido. "La psicosis es un hecho de pensamiento", escribió en 1946, en Formulaciones sobre la causalidad psíquica.

Para Ey, la locura, por sustraer la posibilidad del libre arbítrio, seria una patologia de la libertad. Pensaba el hombre como siendo libre y autodeterminado, basando su pensamiento en un filosofia humanista: "(...) las enfermedades mentales son insultos y trabas a la libertad; no son causadas por una actividad libre, esto es, puramente psicogenética."

Lacan defendia la idea de que el hombre recibe sus determinaciones del exterior, por estar alienado en el lenguaje. Así, la oposición entre causalidad natural y causalidad por la libertad, se completa también con el humanismo filosófico opuesto al materialismo histórico. Por eso, le responde a Ey: "Lejos de ser, para la libertad, un insulto, (la locura) es su más fiel compañera, y acompaña su movimiento como una sombra. (...) Y el ser del hombre no sólo no puede ser comprendido sin la locura, como no seria el ser del hombre sí no trajese en sí a la locura como el limite de su libertad".

Diez años más tarde, en De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, volveria al asunto: " ...el punto en el cual nos volvemos a encontrar, (dejando a quien se ocupe de nosotros el cuidado de saber porqué lo dejamos en suspenso por diez años), en nuestro diálogo con Henry Ey". En la misma época, en el seminário III: "... resumiendo, me parece indiscutible la existência en el individuo moderno de un discurso permanente de la libertad". También: "El psicoanálisis nunca se coloca en el plano del discurso de la libertad, aún cuando éste esté siempre presente, y sea constante en el interior de cada cual, con sus contradicciones y sus discordancias personales".

En 1975, en el seminário XXI: "Hay, en alguna parte, un artículo que dice «Formulaciones sobre la causalidad psíquica», un lugar en torno del cual algunas personas insistieron, un lugar donde yo amarro -ya que de eso se trata- la libertad y la locura, donde digo que una no se concibe sin la otra, lo que los perturba, porque igualmente piensan de inmediato que yo digo que la libertad es la locura. (...) el caso que llamé «libertad», que por acaso consiste en saber que, si existe algo normal, es que, cuando se revienta una de las dos dimensiones, por cualquier razón, ustedes se vuelven verdaderamente locos".

La idea del hombre de Ey implica una prioridad de las actividades estructurantes del organismo sobre las funciones exógenas. La libertad es indisociable de la causalidad, está del lado de la causa final: hace que el ser conciente se presente como la libertad de determinarse por sus propios fines. La construcción del órgano-dinamísmo podría ser un esfuerzo para mantener esta concepción del hombre.

Para Lacan, se trata siempre de la causación de un sujeto, a partir de un objeto, producto de lo simbólico, del lenguaje. Es importante destacar que lo que está en juego es la causación y no la determinación.


II. Los hombres: La doctrina de la locura
En una foto en el Hospital Sainte-Anne, en 1932, aparecen tres personas; por la situación, se deduce que son amigas. Lacan, sentado en la punta de un banco, la mano en la barbilla, aire pensativo. Por debajo del sobretodo escapa la punta del delantal, lo que lleva a pensar que están en un intervalo de la guardia. Del otro lado, recostado en una puerta, Pierre Male, vestido con una bata, sugiere displicência. Junto a Lacan, con apariencia relajada, está Henry Ey, su amigo inseparable y su adversário teórico irreconciliable.

Es edificante saber que, aunque adversarios, también podían ser amigos. Estaban notablemente en desacuerdo respecto de la concepción del hombre, no coincidiendo sobre la significación de la locura, involucrando las nociones de libertad, esencia del hombre, determinismo, autonomia, suicídio, entre otras.

Ey, nacido en 1900, estudió medicina en Toulouse y Paris, donde frecuentó la Sorbonne, obteniendo allí la licenciatura en filosofia. Durante diez anos trabajó en los Hôpitaux Psychiatriques de la Seine de Paris, en los servicios de Girard, de Marie, de Capgras, y de 1931 a 1933 fue jefe de clínica en Sainte-Anne. Ensenó en la cátedra de Enfermedades mentales y del encéfalo, donde fue el primero en abrir las puertas al psicoanálisis. Trabajó durante toda la vida como psiquiatra; modernizó el hospital de Bonneval; fue secretario del periódico Evolution psychiatrique, y redactor-jefe de la publicación. Tambien fue un escritor prolífico que dejó más de 400 papers, y una decena de libros.

Por su actividad multifacética como teórico, clínico, dirigente de la Asociación Mundial de psiquiatria y activista sindical, recibió distintos epítetos. Por su lucha incansable para mejorar las condiciones de asistencia de los enfermos mentales, lo llamaron movilizador; por haber querido liberar a la psiquiatria del modelo neurológico, y a propósito de la construcción de la teoria "organo-dinámica", caracterizada por la necesidad de integrar el psicoanálisis y la psiquiatria, fue llamado arquitecto y unificador. Cuando abordó questiones terapéuticas y de organización asistencial, lo denominaron médico libertador. Por su incansable actividad social y sindical, lo bautizaron civilizador.

Ey vivió medio siglo de la historia de la psiquiatra, cinco décadas en que aconteció una revolución epistemológica, encarnando aquella disciplina en la transición hacia los tiempos modernos.


III. La psicogénesis. Ey: el hombre recibe sus determinaciones de si mismo
Lacan enfoco el concepto de psicogénesis en tres textos: la tesis de 1932 sobre la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad; Formulaciones sobre la causalidad psíquica, presentado en las Jornadas de Bonneval en 1946 dedicadas a la psicogénesis de las neurosis y psicosis; y el seminário Las psicosis, de 1955-56.

Su definición de psicogénesis, en 1946, es de carácter estructural, y no acepta que se la identifique con la relación de comprensión de Jaspers. La cuestión, para él, no era el problema de la concepción de la enfermedad mental ni la psicogénesis de las psicosis, objeto de las Jornadas de Bonneval de aquel año, sino el limite entre la neurologia y la psiquiatria.

En la tesis, la psicogénesis desempeña una función esencial en la argumentación lacaniana, con el objetivo de oponerse a las ideas organicistas ya muy influyentes en la época. De Clérambault era bastante arisco a la psicogénesis, y su doctrina del automatismo mental se sostiene a partir de la afírmación de que la psicosis consistiria en una ruptura, por motivos orgânicos, en la vida del individuo. La actividad delirante, para él, resultaría de la tentativa de explicar el hecho psicótico.

En el seminário de 1955-56, el 16 de noviembre, Lacan dice: "...el gran secreto del psicoanálisis es que no existe psicogénesis". La psicogénesis es justamente aquello de lo que el psicoanálisis está más alejado. Lo inaceptable en ella, dentro de la perspectiva lacaniana, reside en el énfasis en que este abordaje psicopatológico atribuye a la comprensibilidad del fenómeno psicótico. Lacan alertaba que la comprensión lleva al equívoco sobre las motivaciones de los actos psicóticos.

En la concepción estructuralista, el fenómeno psicótico se situa en el sistema semántico; siendo todo hecho marcado por el malentendido, tal fenómeno tampoco debería ser pensado a través de la psicogénesis, con el énfasis puesto en la comprensión. Para de Clérambault, estaría marcado por la ausencia de relaciones de comprensión, pero no por una fragilidad orgánica como sugería Ey.

En el seminário III, Lacan descalifica la psicogénesis, y muestra que Ey, diciendo desconocerla, no deja de aplicarla. Donde la psicogénesis justifícaba la evolución comprensible de la psicosis, se referirá a la función y al campo del lenguaje, para sostener que "el fenómeno de la locura no es separable del problema, la signifícación, para el ser en general, esto es, del lenguaje para el hombre".

En 1977, Henry Ey afírmaba que el término psicogénesis tendría un doble sentido, y se proponía esclarecer su ambigüedad. En un segundo sentido, paradójicamente propio de los escritos psicopatológicos, dado que neutraliza la naturaleza psicopatológica de la enfermedad mental, sería sinónimo de "causalidad psíquica".

Ey elogiaba la posición de Jaspers: "...estimo que la tesis, sino las cosas, son más claras si se reserva el término de psicogénesis para el desarrollo normal y normativo de la vida psíquica, oponiéndola a la patogenia órgano-procesual del hecho psicopatológico".

La teoria de Ey se presenta fundamentalmente como un neo-vitalísmo, que prioriza el desarrollo de las actividades estructurantes del organismo por sobre las acciones exógenas modeladas por el medio. La libertad, indisociable de la causalidad, estaría del lado de la causa final.


IV. Lacan. El hombre recibe sus determinaciones del exterior
En 1933, Henry Ey es designado médico-jefe del hospital psiquiátrico de Bonneval, donde permanece hasta 1971. En esa histórica institución, instalada bajo las arcadas de la abadia benedictina de Saint Florentin erigida en el siglo IX, organizo y dirigió los célebres Encuentros de Bonneval.

Catorce años después de la foto, en octubre de 1946, Ey organizó unas Jornadas consagradas al problema de la psicogénesis de las neurosis y las psicosis, que daban continuidad a las de 1943, dedicadas a las relaciones entre neurologia y psiquiatria.

Lacan, para precisar "la causación esencial de la locura", creía necesario separar la convicción delirante, del engano y del déficit. Lo esencial de la experiência delirante sería que el sujeto no reconoce como suyas las producciones del automatismo mental, o de sus interpretaciones. Decía en el 46: "Porque el riesgo de la locura se mide por el atractivo de las identifícaciones con que el hombre compromete su verdad y su ser. Más allá, pues, de que la locura sea el hecho contingente de las fragilidades de su organismo, es la permanente virtualidad de una falla abierta en su esencia". La verdad condiciona en su esencia el fenómeno de la locura, que es el fenómeno de la significación "a través del cual pienso mostrarles como ella hace el ser mismo del hombre".

Para Lacan, la verdad del psiquismo le escapaba a Ey, junto con la de la locura, al apuntar al valor que tendría el fenómeno de la locura para el humano: "Y su alcance metafísico se revela en el hecho de que el fenómeno de la locura no es separable del problema de la significación para el ser en general, quiero decir, del lenguaje para el hombre".

El fenómeno de la locura es inseparable de la subjetividad, aún cuando esta sea determinada por el lenguaje y tenga su causa en un objeto. El coloquio de Bonneval de 1960, y especialmente, la redacción en 1964 de su artículo para el volumen «El inconsciente», marca una ruptura. A partir de esta fecha, Lacan perseguirá la elaboración de una teoria y de una clínica centradas en el objeto.


V. El órgano-dinamismo. La locura, patologia de la libertad
Esta teoría propuesta por Ey, junto con J. Rouart, afirma la existência de una jerarquía de los fenómenos psíquicos, según la cual la disolución de los sistemas superiores implicaria la liberación de los inferiores. De acuerdo con esto, la enfermedad mental resultaría de la estructura funcional mal jerarquizada del sistema nervioso.

El órgano-dinamismo se sostiene en cuatro tesis: a) La enfermedad mental está implicada en la organización psíquica; b) La clínica de las enfermedades mentales es heterogénea en relación a las estructuras de la vida mental normal; c) La verdadera causalidad órgano-dinámica es el proceso de disolución de la organización psíquica; d) Las enfermedades mentales se califícan naturalmente siguiendo las modalidades de desorganización del "cuerpo psíquico".

Ey descubrió las ideas de Jackson, poco después de traducir a Bleuler. Anunció en un texto de 1938, Essai d'application des príncipes de Jackson a une conception dynamique de la psychiatrie, el proyecto de elaborar un modelo dinámico de la enfermedad mental comparando tres concepciones distintas, todas dinámicas: la de Jackson, la de Janet y la de Freud.

El jacksonismo influenció el pensamiento de la mayoría de los neurologistas del final del siglo XIX, incluyendo a Freud, en su estúdio crítico sobre las afasias de 1891, donde seguia a Brocca y a Wernicke desde el punto de vista del organicismo, que vincula los trastornos con lesiones localizadas del cérebro. La noción de organización, jerarquía implícita en el órgano-dinamismo, privilegia la conciencia, lugar de la psicogénesis, de manera próxima al imperativo categórico de Kant.

Independiente de la amistad que podría tener por Ey, Lacan no evitó la polémica el exponer sus ideas en Formulaciones sobre la causalidad psíquica, confrontándose con él al demostrar que el órgano-dinamismo seria una variedad de organicismo mecanicista. Lacan criticó la teoria de su amigo, que era organicista en el sentido médico y no en el de Jackson y de Spencer: "Una doctrina del trastomo mental que considero incompleta y falsa, y que se designa a sí misma con el nombre de organicismo". De hecho, no veía mucha diferencia entre la posición de Ey y la de de Clérambault, su propio maestro, y de Girard, maestro de Ey, ambos asumidamente organicistas.

Para negar el órgano-dinamismo, Lacan recurre a una observación de Gelg y Goldstein, célebres por los comentarios realizados por Merleau-Ponty en Fenomenologia de la percepción. La afección de ceguera psíquica debida a una lesión encefálica en las cisuras calcarinas, provocaría, según Lacan, una disolución global, lo que corresponde a la concepción jacksoniana de Ey sobre la enfermedad mental, que podría ser considerada una enfermedad neurológica.

Goldstein, con su colaborador Gelg, resaltaban que un déficit primario modifica el comportamiento global; por eso, su conclusion de que los fenómenos cerebrales deben ser considerados globalmente, sin distinguir lo que es orgánico y lo que es psíquico, y que una lesión modifica el conjunto de la organización.

Lacan lo cuestionó a Ey: "Pregunto, pues, a Henry Ey: Qué distingue a ese enfermo de un loco? Cabe a mí, si no da la razón de esto en su sistema, poder darla en el mío. Pues, en el caso que él me responda con las perturbaciones noéticas de las disoluciones funcionales, le preguntaría en qué difieren estas de lo que llamo disoluciones globales".


VI. El loco, el único hombre libre
En el texto sobre el estádio del espejo, Lacan formalizó el Yo como lugar de alienación, desconocimiento e ilusión de autonomía, lo que constituyen puntos de ruptura con Ey. Para el primero, el hombre no es libre, sino determinado por lo simbólico. Y en este punto, la libertad se articula con la locura.

El psicoanálisis muestra que el sujeto no es dueno de si; la determinación del sujeto por el Otro lo aliena en los significantes, y es en tomo del Otro que el sujeto constituye sus fantasias. El sujeto se aliena en el Otro, y es separado del Otro por aquello que constituye su causa: el objeto a, causa del deseo. En las operaciones de causación del sujeto, la causa significante de la alienación se opone a la causa real de la separación.

En Ciencia y verdad, Lacan propone la verdad del sujeto como causa material, identificando ésta como siendo la incidência del significante, indicando que el lenguaje es material. La teoria del objeto a es necesaria para una integración, en relación al saber y al sujeto, de la verdad como causa. Este texto no privilegia ya la causa significante, sino el objeto como causa real, formando parte de lo que estructura las relaciones entre los seres humanos.

El loco es aquel que recusa esta causalidad. Con la elaboración del concepto de objeto causa del deseo, Lacan encontro una nueva formulacíón de la libertad del psicótico: él tiene la causa en su bolsillo, él es causa sui.

Dentro del determinismo de la teoria psicoanalítica, un "margen de libertad" de consentir o de rechazar, de ser responsable por su posición subjetiva le es supuesta tanto a los neuróticos como a los psicóticos.

Dr. Márcio Peter de Souza Leite. Psicoanalista. Médico especialista en psiquiatria. San Pablo.


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Artigo publicado no periódico "Psicoanalisis y el Hospital - Publicación semestral de practicantes en Instituciones Hospitalarias - Psicoanálisis y Neurociencias" - Ano 17 - nro. 33 - Junho 2008, pág. 79 a 84



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